Fernando Verdugo

Autor

Fernando Verdugo inició su carrera plástica en 1966 al recibir el premio de pintura establecido por la galería La Pasarela, impulsora de la renovación del arte sevillano. Juan Blanco escribiría con motivo de su exposición en La Pasarela, en l967, " el pintor busca con ahinco rehabilitar la asociación de elementos tan distintos y distantes como lo poético, lo geométrico y lo social". Después de trasladarse a Madrid en el año 68, reside un año en Nueva York donde instala su taller y realiza una serie de litografías para el editor de arte neoyorquino, Leon Amiel.

Sin perder de vista los acontecimientos políticos de España, Verdugo, siempre estimulado por el dinamismo de los movimientos artísticos internacionales viaja a menudo a Francia, y reside durante nueve años en Holanda. Trabaja para la galería D´Eendt de Amsterdam, y entra en contacto con el surrealismo nórdico.

En los últimos años la pintura para Verdugo conlleva una metódica experimentación formal que le permite centrarse en la expresión de la materia pictórica por sí misma, conciliando rigor y libertad. O como escribió Rosa Olivares en la revista Lapiz con motivo de la obra de Verdugo exhibida en Arco 96: "El trabajo de Verdugo es minucioso y se articula con un peculiar estilo de reconstrucción.

La idea central es trabajar la superficie de la memoria, la superficie de las cosas que vemos, de esas caras de la tierra, de los muros que nos protegen y en los que vemos pasar el tiempo a través de sus huellas. Son los colores y los materiales de siempre, el tratamiento clásico para llegar a un lugar diferente.

La práctica de esta pintura requiere un conocimiento puro y absoluto de los medios que se utilizan, de los materiales".

A partir del año 2000 toma una importancia capital la arquitectura como "leit motiv" y como estructura interna del cuadro.

Algunos trabajos como los presentados en May Moré en 2001 en la exposición "blanco sobre blanco", incorporaban estructuras metálicas interrelacionándolas con superficies blancas y descarnadas hasta rozar la perfección estética, por recordar las palabras del crítico Marcos Ricardo Barnatán: "Rastrear los vestigios arcaicos para reconstruirlos con mimo e integrarlos en un proyecto creativo riguroso es uno de los desafíos más apasionantes de las piezas que Verdugo nos muestra ahora, en esta exposición que asombra por su belleza perfecta".

A partir de l99l, Verdugo se ve inmerso en un planteamiento plástico y personal que le lleva a trabajar sobre la idea de "piel pictórica" y la reconstrucción de una caligrafía del hombre sobre la materia.

Su aproximación plástica a la ciudad donde nació rescata las texturas de los muros del pasado en un ejercicio de color y de signos icónicos hasta llegar a formulaciones de extrema síntesis tal como ha señalado Juan Manuel Bonet: "pura Sevilla son también los cuadros más abstractos, más despojados, más sintéticos, aquellos donde la cal, en plan casi espacialista, lo ocupa todo".