Fernando Verdugo

Ordenar la materia

La obra más reciente aparece como fruto de una reflexión cruzada entre las series de contenidos ornamentales y el ciclo del muro de Memoria de Sevilla y sus derivados.

La construcción del espacio ha sido la pauta que ha marcado el ciclo más ligado a lo ornamental, mientras el muro era el espacio más adecuado para el despliegue caótico, aunque controlado, de lo matérico.

En estas últimas obras lo matérico en bruto, entendido como pura materia mineral, terrosa, geológica, se ordena en una arquitectura elemental, con la intención de establecer inventarios y clasificaciones, que permitan apreciar la naturaleza y las posibilidades de los materiales, mientras estos establecen diálogos plásticos entre sí.

El orden del ornamento ofrece una estructura para la materia. La materia por otra parte se encierra en las formas rigurosas de geometrías elementales, y así parece proponerse como posibilidad de material ornamental.

En la obra de Fernando Verdugo el planteamiento de lo ornamental es central. Funciona como un eje sobre el que ir repensando las posibilidades expresivas de la pintura en relación a la cultura.

Si en el ciclo del Muro lo ornamental era una huella arqueológica de la cultura y de la memoria personal, en la obra más reciente el material en bruto aparece como el lugar de fricción, pero también de integración entre la cultura o lo artificial y lo natural. La reflexión sobre la cultura se complejiza y también se "materializa", se hace materia, es más mineral, en definitiva Verdugo concluye en un análisis más profundo. En la dialéctica que presenta Verdugo lo matérico se contrapone a lo artificial como forma humana del uso de la materia.

En algunas de las obras de mayor envergadura aparece clara la dicotomía y contraposición entre natural y artificial, entre el mundo caprichoso e imprevisible de la naturaleza, de las cuevas, de las entrañas de la tierra, y el universo ordenado del hombre en el que se domestica la materia y el mineral para servir como fondo, ornamento o material de construcción.

Los matices de lo pictórico parecen precisarse en detalles mínimos, como el color de la humedad en una de las piezas muro blanco de cal, o en los tonos cromáticos de la acción química y mineral sobre la piedra caliza de una gruta. Se trata de intensas experiencias pictóricas, que se evocan desde la materia pintada. Desde ahí aborda una sutil reflexión desde la que la oposición se transforma en convergencia entre lo natural y lo artificial.

En este desarrollo aparecen con claridad las líneas de un proceso formal y teórico de precisa coherencia. Sin duda lo inusual de los materiales y de sus efectos plásticos, táctiles y visuales, pueden producir una impresión paradójica: la utilización del carborondo de silicio como pigmento de carácter mineral apenas sin tratar aparece simbólicamente como el elemento artificial, mientras que lo natural está representado por una compleja recreación artificial de una superficie rocosa. No resulta habitual que la pintura adquiera tales intensidades matéricas, y menos aún que el color poseea una densidad matérica tan fuerte.

De nuevo nos hallamos ante una alquimia de transformaciones pictóricas, cuya comprensión quizás no es sencilla, pero sin duda apasionante.

Los aspectos más propiamente teóricos parecen situarse en esas claves sensoriales y perceptivas a las que hemos aludido al comienzo de este escrito. Estas obras se proponen como puntos de partida a una experiencia de la pintura desde sus materiales esenciales.

 

Notas

  1. Juan Manuel Bonet, Por el Callejón del Agua, Catálogo de la exposición en la Galería Jorge Kreisler, Madrid 1993.
  2. Entre 1992 y 1993 diversas exposiciones en la Capilla del Oidor de Alcalá de Henares, Palencia, Valladolid, Avila, Zamora, Salamanca, Galería Jorge Kreisler de Madrid y en la Caja San Fernando de Sevilla, recogen un trabajo realizado a partir de 1991 bajo el título de Memoria de Sevilla.